Cada café tiene su color, y no lo eligió un diseñador

En nuestro catálogo cada café tiene un color. Ninguno lo eligió un diseñador: cada uno se calcula a partir de las notas de cata y del nivel de tueste. Suena a capricho gráfico. Es, de todas las herramientas que usamos para comunicar sabor, la que tiene la evidencia más vieja y más incómoda detrás.

Tokyo
manzana, lima, flor de cerezo
Durazno Rosa
durazno, maracuyá
Melbourne
tejocote, limón, nuez
Stradale
naranja, caramelo, cremoso
Gran Turismo
chocolate, naranja, avellana
Napoli
chocolate oscuro, almendra

Seis cálculos reales del catálogo, de tueste claro a oscuro. Conforme oscurece el tueste, los matices se juntan.

El color no acompaña al sabor: lo modifica

El experimento que mejor lo ilustra no es de café sino de vino. En 2001, Morrot, Brochet y Dubourdieu le dieron a 54 estudiantes de enología un vino blanco teñido de rojo con un colorante inodoro. Los catadores lo describieron con el vocabulario que se usa para tintos. La información visual no compitió con la olfativa: la desplazó [1].

Una revisión posterior de Spence y colaboradores ordenó lo que se sabe: la evidencia de que el color cambia la identificación del sabor es sólida; la de que cambia la intensidad percibida es mixta [2]. Es decir, el color no hace que un café sepa más fuerte, pero sí empuja tu cerebro a decidir a qué sabe.

Y ese empuje tiene dirección conocida. Spence y Levitan sintetizaron el mapeo que más se ha replicado entre colores y sabores básicos: rosa y rojo tiran hacia lo dulce, amarillo y verde hacia lo ácido, blanco y azul hacia lo salado, y café oscuro, negro y morado hacia lo amargo [3]. Es aproximadamente el mismo mapa que usa cualquiera para adivinar a qué sabe un caramelo sin abrirlo.

En café ya está medido, y molesta un poco

Dos estudios lo llevaron directo a nuestra barra. El primero preguntó si el color de la taza cambia el café: sirviendo el mismo café en taza blanca, vaso transparente y taza azul, el café en taza blanca se percibió significativamente menos dulce que en las otras dos, y más intenso que en el vaso de vidrio [4].

El segundo es más grande y más específico de especialidad: 457 participantes, tazas blanca, rosa, amarilla y verde. El color no sólo movió las expectativas antes de probar, también las calificaciones después de probar; la taza rosa amplificó la acidez percibida de un café keniano, y las combinaciones incongruentes entre color de taza y perfil del café bajaron el agrado [5].

La lectura incómoda: si el color de una taza cambia cuánta acidez percibes, entonces todo el café que sirves ya viene con un color encima — el de la taza, el de la bolsa, el de la carta. La pregunta no es si comunicas con color, sino si el color que estás usando dice algo cierto del café o algo al azar.

Cómo calculamos el color de un café

Nuestro punto de partida fue simple: si cada nota de cata tiene un color obvio — lima verde, cereza roja, panela ámbar, cacao café — entonces el color de un café debería salir de las notas, no del gusto de quien diseña la etiqueta.

  1. Cada nota aporta un matiz. El matiz sale del referente de la nota, no de una paleta corporativa.
  2. El matiz del café es un promedio vectorial, ponderado por intensidad. Vectorial y no aritmético porque el matiz es circular: promediar rojo y amarillo «por número» da verde, que es justo lo que no queremos. La nota que domina jala más.
  3. La saturación premia a la nota dominante. Usamos una media de potencia en vez de un promedio plano: un café con una nota clarísima y protagónica sale más saturado que uno con cuatro notas discretas que se anulan.
  4. La luminosidad la fija el tueste. Los nórdicos claros arriba, los italianos oscuros abajo. Al oscurecer, el matiz se acerca al café y la saturación baja.
  5. Todo se calcula en OKLab. Es un espacio de color diseñado para ser perceptualmente uniforme: la misma distancia numérica se ve como la misma diferencia visual. En RGB, dos cafés igual de distintos en la taza pueden verse casi idénticos en pantalla.

El resultado dice algo que ya sabíamos pero no sabíamos dibujar

Cuando corrimos el cálculo sobre todo el catálogo salió un patrón que no habíamos programado: al oscurecer el tueste, todos los cafés convergen hacia el mismo marrón del centro. Los tuestes claros se abren hacia los aros exteriores, cada uno hacia su lado; los oscuros se amontonan.

Eso no es un defecto del modelo. Es exactamente lo que pasa en la taza. Las notas del tueste oscuro — humo, chocolate amargo, caramelo quemado — se superponen a las notas frutales del origen hasta taparlas. Por eso el café muy oscuro de orígenes distintos tiende a saber parecido, y por eso el catálogo se ve así: el centro marrón es donde los cafés dejan de distinguirse.

De ahí sale la regla práctica más útil del sistema: si dos cafés se parecen en color, se parecen en taza. Sirve para sustituir un lote que se acabó, y sirve para explicarle a alguien por qué el café que ama y el que acaba de probar son primos.

Lo que esto no es. El color calculado es un mapa, no un instrumento de medición validado. Es nuestra construcción, apoyada en correspondencias que la literatura documenta pero no diseñada para reemplazar una cata. Si el café en la taza contradice al color, gana el café — y nos toca corregir las notas.

El catálogo completo en color está en la portada, ordenado por matiz y por nivel de tueste.

Ver el catálogo en color

Referencias

  1. Morrot, G., Brochet, F., & Dubourdieu, D. (2001). The color of odors. Brain and Language, 79(2), 309–320. doi:10.1006/brln.2001.2493
  2. Spence, C., Levitan, C. A., Shankar, M. U., & Zampini, M. (2010). Does food color influence taste and flavor perception in humans? Chemosensory Perception, 3(1), 68–84. doi:10.1007/s12078-010-9067-z
  3. Spence, C., & Levitan, C. A. (2021). Explaining crossmodal correspondences between colours and tastes. i-Perception, 12(3). doi:10.1177/20416695211018223
  4. Van Doorn, G. H., Wuillemin, D., & Spence, C. (2014). Does the colour of the mug influence the taste of the coffee? Flavour, 3, 10. doi:10.1186/2044-7248-3-10
  5. Carvalho, F. M., & Spence, C. (2019). Cup colour influences consumers' expectations and experience on tasting specialty coffee. Food Quality and Preference, 75, 157–169. doi:10.1016/j.foodqual.2019.03.001
  6. Lee, B. P., & Spence, C. (2022). Crossmodal correspondences between basic tastes and visual design features: A narrative historical review. i-Perception, 13(5). doi:10.1177/20416695221127325