El ruido de la cafetería se toma tu café

Compras un café que te encantó en la barra, te lo llevas a casa, lo preparas bien y sabe distinto. Casi siempre se culpa al molino o al agua — y algo de eso hay. Pero hay una variable que nadie considera porque no se ve, no se huele y no está en la receta: cuánto ruido había cuando lo probaste.

Alguien ya lo midió con café

En 2020, un equipo encabezado por Bravo-Moncayo, Reinoso-Carvalho y Velasco puso a 384 personas a catar café bajo distintas condiciones de sonido: ruido urbano fuerte a unos 85 dBA, ese mismo ruido atenuado 20 decibeles, y control con audífonos pasivos y con cancelación activa [1].

Con el ruido más fuerte, los participantes fueron menos sensibles al amargor, a la intensidad del aroma, al dulzor y a la acidez. Es decir: no percibieron otro café, percibieron menos café. Y con eso bajaron tres cosas que sí se pueden cobrar — el agrado del sabor, la disposición a pagar y la intención de compra. El efecto se atribuyó principalmente al nivel de ruido durante la cata, no a la molestia general del sonido.

Qué le hace exactamente el ruido a cada sabor

El hallazgo base viene de antes. En 2011, Woods y colaboradores compararon comer en un ambiente de 45–55 dB contra uno de 75–85 dB de ruido blanco. Con ruido fuerte, el dulzor y lo salado se calificaron significativamente más bajos (dulzor p=.013; salado p=.018), y en un segundo experimento lo crujiente se percibió más intenso (p=.013) [2].

Cuatro años después, Yan y Dando encontraron el otro lado de la moneda usando ruido de cabina de avión simulado a unos 85 dB: el dulce se suprime, pero el umami se amplifica, y el efecto sobre el umami crece con la concentración. Salado, ácido y amargo no se movieron [3]. De ahí sale la explicación más citada de por qué en los aviones la gente pide jugo de tomate.

45 dB60 dB75 dB 85 dB90 dB102 dB biblioteca conversación aquí se apaga el dulzor y sube lo crujiente restaurantes reales hora pico y alta gama Lo que baja con el ruido dulzor · salado · aroma · acidez · amargor percibido Lo que sube lo crujiente · el umami · la velocidad a la que bebes
Referencias de nivel sonoro y efecto reportado. Los rangos de restaurante vienen de la revisión de Spence (2014): ~90 dB en hora pico y 94–102 dB de promedio en locales de alta gama [4].

Ese último dato es el que incomoda. Un restaurante ruidoso no está un poco arriba del umbral donde el sabor empieza a perderse: está muy arriba. Y la misma revisión documenta que con música alta la gente bebe más y más rápido — 3.4 bebidas contra 2.6, y 11.5 minutos por bebida contra 14.5 [4]. El volumen no sólo apaga el sabor: acelera el consumo.

No es sólo volumen: la música específica también mueve la aguja

Aquí el campo se pone raro y divertido. Crisinel y Spence mostraron que la gente empareja de forma consistente notas agudas con lo dulce y lo ácido, y notas graves con lo amargo y el umami [5]. Y no se queda en la asociación: con dos bandas sonoras diseñadas —una «dulce» y una «amarga»— el mismo caramelo se calificó significativamente menos dulce cuando sonaba la amarga (p=.034) [6].

Con café hay un estudio que además mide el tiempo. Usando Dominancia Temporal de Sensaciones —el mismo método que está detrás de nuestro emblema— Galmarini y colaboradores encontraron que con música «dulce» la dominancia del dulzor dura más, y con música «amarga» aumenta la dominancia del amargor: del 29 al 40% del tiempo en un café suave [7]. La acidez, curiosamente, bajó con las dos.

Por qué pasa

La revisión más completa del campo propone cuatro mecanismos que operan al mismo tiempo [8]:

Distracción

El ruido de fondo compite por atención. Saborear con detalle es una tarea atencional, y el ruido te roba el ancho de banda.

Activación

La música sube o baja tu nivel de alerta, y con él cambia el ritmo al que comes, bebes y decides.

Transferencia de agrado

Si te gusta lo que suena, tiendes a calificar mejor lo que estás tomando. El gusto se contagia de un sentido al otro.

Correspondencia

Agudo con dulce, grave con amargo. El sonido empuja tu expectativa hacia un lado del perfil antes de que lo pruebes.

Antes de que esto suene a magia. Los propios autores describen estos efectos como sutiles y sobre todo grupales, no como un interruptor que le cambia el sabor a cada persona. En uno de los experimentos de referencia, la banda sonora «dulce» se emparejó correctamente el 56.9% de las veces — mejor que el 25% del azar, pero lejos de ser infalible [8]. Lo que sí es grande y consistente es el efecto del volumen: ahí los datos son claros.

Qué hacemos con esto

Nos importa porque vendemos dos cosas distintas con el mismo grano. En la barra vendemos una taza; en bolsa vendemos la posibilidad de que la repitas en tu casa. Si el ambiente en que la probaste apagó el dulzor y la acidez, la bolsa que te llevas no puede cumplir la promesa — y al revés: un café que probaste en silencio, con atención, puede parecerte más ruidoso en una barra llena.

Por eso nuestras catas son en la mañana y en grupos chicos, no en el pico de tráfico, y por eso cuando presentamos un lote nuevo lo servimos antes de que el local se llene. No es delicadeza: es que a 85 decibeles nadie va a notar por qué ese café cuesta lo que cuesta.

Y en tu casa

  • El primer sorbo, sin nada. Sin música, sin video, sin llamada. Después pon lo que quieras: ya tienes la referencia.
  • Si vas a comparar dos cafés, hazlo en la misma condición sonora. Comparar uno en silencio y otro con la licuadora prendida no compara nada.
  • Un café que te parece plano en la oficina puede no ser el café. Vuelve a probarlo en silencio antes de dejarlo.
  • Si tienes cafetería: medir el nivel sonoro de tu barra en hora pico cuesta nada — cualquier teléfono trae sonómetro — y es el dato más barato que puedes levantar sobre por qué tus clientes califican el café como lo califican.

El recipiente hace algo parecido, por si te quedaste con ganas: en un estudio con 276 personas, el mismo café de especialidad tuvo aroma significativamente más intenso en taza tulipán, y dulzor y acidez más marcados en una taza «split» [9]. El café nunca llega solo a tu boca.

Si quieres probar esto en serio, nuestras catas son en grupos chicos y en horario tranquilo — justamente por lo que dice este artículo.

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Referencias

  1. Bravo-Moncayo, L., Reinoso-Carvalho, F., & Velasco, C. (2020). The effects of noise control in coffee tasting experiences. Food Quality and Preference, 86, 104020. doi:10.1016/j.foodqual.2020.104020
  2. Woods, A. T., Poliakoff, E., Lloyd, D. M., Kuenzel, J., Hodson, R., Gonda, H., Batchelor, J., Dijksterhuis, G. B., & Thomas, A. (2011). Effect of background noise on food perception. Food Quality and Preference, 22(1), 42–47. doi:10.1016/j.foodqual.2010.07.003
  3. Yan, K. S., & Dando, R. (2015). A crossmodal role for audition in taste perception. Journal of Experimental Psychology: Human Perception and Performance, 41(3), 590–596. doi:10.1037/xhp0000044
  4. Spence, C. (2014). Noise and its impact on the perception of food and drink. Flavour, 3, 9. doi:10.1186/2044-7248-3-9
  5. Crisinel, A.-S., & Spence, C. (2010). As bitter as a trombone: Synesthetic correspondences in nonsynesthetes between tastes/flavors and musical notes. Attention, Perception, & Psychophysics, 72(7), 1994–2002. doi:10.3758/APP.72.7.1994
  6. Crisinel, A.-S., Cosser, S., King, S., Jones, R., Petrie, J., & Spence, C. (2012). A bittersweet symphony: Systematically modulating the taste of food by changing the sonic properties of the soundtrack playing in the background. Food Quality and Preference, 24(1), 201–204. doi:10.1016/j.foodqual.2011.08.009
  7. Galmarini, M. V., Silva Paz, R. J., Enciso Choquehuanca, D., Zamora, M. C., & Mesz, B. (2021). Impact of music on the dynamic perception of coffee and evoked emotions evaluated by Temporal Dominance of Sensations (TDS) and Emotions (TDE). Food Research International.
  8. Spence, C., Reinoso-Carvalho, F., Velasco, C., & Wang, Q. J. (2019). Extrinsic auditory contributions to food perception & consumer behaviour: An interdisciplinary review. Multisensory Research, 32(4–5), 275–318. doi:10.1163/22134808-20191403
  9. Carvalho, F. M., & Spence, C. (2018). The shape of the cup influences aroma, taste, and hedonic judgements of specialty coffee. Food Quality and Preference, 68, 315–321. doi:10.1016/j.foodqual.2018.04.003